La odisea de ser piloto hoy: mucha épica y poca ficción

giuliani subidafito2016

Soplan vientos adversos para los marineros del asfalto que, aún en tiempos de crisis y tempestades, se atreven a adentrarse en el vasto e impredecible mar de los rallyes. Ser navegante hoy entraña un riesgo nunca antes manifestado. Porque el mar, lejos de limitarse a mecer el barco, a llevarlo a la orilla, se empeña en zarandearlo, en cuestionar cada movimiento y cada oscilación que hace. El mar. La economía. La afición. Ese sector de la afición.

Te van a criticar. Es caprichosa la memoria y atrevida la indecencia de quien no ha salido nunca a navegar. No importa cómo te llames o qué hayas hecho: si ese sector no comprende por qué adelantas una pierna antes que otra, intentará tirarte del navío. El dinero y los medios los pones tú; pero quien parece gobernar en este deporte sin dueño es aquel que se toma la licencia de sentar y levantar a su gusto y placer a cada piloto que se nombra en los medios, de cuestionar cada elección, objetivo o carrera. Este me gusta. Este no.

Lo vivimos con la decisión de Renault de sentar a un cinco veces campeón de España en el Renault Clio Maxi Rally. Lo volvimos a ver con la decisión de Vallejo de montar a Víctor Senra en el Citroën DS3 R5. Lo vemos casi a diario en el mundial, con ese sector pidiendo desde hace varias temporadas que quiten a Dani Sordo de donde está. No sucede lo mismo en Gran Bretaña con Kris Meeke o en Francia con Lefebvre. Allí son una piña, y se nota.

Es caprichosa la memoria. Nadie criticó a Peugeot España cuando sentó a un tipo con treinta y cinco años en el 207 S2000 para disputar el campeonato continental. Y el paso de los meses les terminó dando la razón. Tampoco hubo tambores de guerra cuando Paolo Andreucci, también con la treintena bien pasada, fue llamado por Subaru para desarrollar el World Rally Car de 2002. Es atrevida la indecendia de quien no ha salido nunca a navegar.

cohete3 navarra2017

Y, entre mares embravecidas, la tempestad de la crisis económica cae como un manto de aciago augurio sobre los pocos valientes que aún pelean por sacar esto adelante. La crisis de una Federación con deudas y mala fama heredadas que incide directamente en los actores los cuales, hoy, hacen posible que la obra siga celebrándose. Unos, que hace escasos meses estaban en primera división, han tenido que dar un paso atrás por no poder afrontar el sacrificio económico que supone estar donde de verdad merecen.

Sería una locura imaginar que estos marineros del asfalto no cobraran por perpetrar un deporte que ha teñido de oro y laurel nuestra memoria del principio de los años noventa. Aunque la locura sea verdad. Ser piloto de rallyes supone tener que aguantar a ese sector de la afición; supone tener que hacer verdaderos malabares económicos para salir a la próxima carrera; supone saber que, si llegas a meta, sólo te espera un trofeo y una palmada en la espalda. Venga, campeón, nos vemos en la siguiente.

Lo dijeron desde la bromista pero certera Brieves Rallye School, que en un rally gana más el heladero de la polar que los propios pilotos. Y es que mientras quienes se juegan el honor y algo más en los tramos no ve recompensado su esfuerzo desde el órgano federativo, un muerto mecánico de nombre nipón descansa sin pena ni gloria, sin un campeonato que vendieron como algo esencial, necesario, pero cuyos frutos no han llegado a germinar. Un hara-kiri poético de una Federación que necesitaba un cambio inminente. Y que necesita - necesitamos - crecer y hacer bien los deberes. Por los pilotos y también por ese sector de la afición. Por un bien común que, al menos si no termina con esta odisea, la haga más llevadera.